- No sé en qué momento fue, cómo pasó, cómo surgió pero me enamoré de ti. Desde el momento que me vi cautiva de tus ojos, supe que sería tuya toda la vida, todas las vidas.-
[…]
Aún podía sentir el alba en sus dedos, al caminar entre las hojas frías del bosque, caminaba buscando hierbas; su vida era tranquila, más de lo que debiera con los tiempos que azotaban en algunas regiones, en aquel momento, se sentía intocable, estática en el tiempo, nunca se permitía sentir nada no obstante esa mañana bajó la guardia, pensó que podría llenarse del espíritu de la montaña.
Caminaba sigilosa entre los herbajes más que forma de protección, era ya una costumbre, caminó sin recoger nada aún, quería llegar hasta un claro, donde sabía que podría retozar antes de llevar a cabo su cometido. Todo le parecía muy tranquilo, incluso no se escuchaban animales cerca. ¡No se escuchaban! De repente se alarmó, en aquel sitio siempre había animales descansando y bebiendo agua, ¿por qué ahora no? Rápidamente se escondió entre la maleza para ver si había algo sospechoso. Se arrepentía un poco de haber bajado tanto la guardia. Al caminar entre los árboles, se percato que había un bulto tirado cerca del lago, estaba casi oculto donde una piedra yacía; enfocó la mirada percatándose que había un joven derrumbado en aquellos helechos.
El corazón le iba de prisa, se sabía capacitada para poder defenderse, era buena arquera, por suerte siempre llevaba consigo un arco y su surtido carcaj, tomó aire evaluando la situación, si debía acercarse o no. Luego de unos segundos vio como un par de parajillos se posaban sobre el cuerpo humano, supo entonces que aquella persona estaba muerta o inconsciente, muy a pesar de su sentido común, se acercó, ¿cómo podría dejar abandonado a alguien lesionado? ¿Qué tal si se trataba de un niño o un adulto mayor? Resignada a levantar la guardia, se acercó con suavidad, para no anunciar su presencia, si la persona estaba herida pero era peligrosa, con esa hazaña podría ir un paso delante, si se trataba de algo diferente, no lo asustaría.
Al llegar hasta el cuerpo, supo dos cosas, una, era un joven herido, dos y tal vez la más importante, no lucía peligroso. Echando una mirada fugaz, notó que el joven estaba desarmado, quizá tenía una arma mas no en ese momento o no en aquel lugar; evalúo el sitio que le había servido de cama, sin ser una gran detective, obvio que el chico se había arrastrado desde el agua hasta aquella roca, lo más probable era que bebiera del claro y luego buscara la seguridad de esa gran roca. No lo culpaba, si estaba herido o cansado era lo más lógico.
Se hincó acomodando con cuidado al joven, cuando vio su rostro, se embeleso por un momento, no era menor a ella y por sus rasgos calculó que no sobrepasaba por tanto su propia edad, acarició su mejilla, siendo ahí donde decidió que no era un peligro. Apartó el arco que le cruzaba el pecho así como el carcaj para ponerse en pie y buscar plantas medicinales así como lo necesario para aliviarle el dolor que llevaba marcado en el rostro que a pesar de estar apacible dañaba esa paz.
Después de una labor suave pero precisa, ya tenía al chico boca arriba, con un par de vendajes improvisados con hojas grandes, así como un pañuelo en la frente, uno bordado por la misma arquera. Ya que al parecer su cuerpo luchaba contra la infección de esas heridas. Una vez terminado el trabajo, se sentó a su lado, casi como a vigilar su sueño, le daba mucha curiosidad, ¿cómo habría llegado a ese lugar?
-¿Cómo te encuentras?- se sorprendió a ella misma, el tono tan dulce que empleo en aquella pregunta, como si usará su voz normal el chico se perdiera, que desaparecería.
Cuando el ajeno comenzó a abrir los ojos, y pudo verlo en plenitud, todos sus rasgos, con el conjunto de expresiones, tal vez fue ahí donde algo se encendió en su alma, donde como un virus se infiltró en sus adentros.
[…]
La chica despertó un poco alarmada, al tomar un respiró luego de aquel sueño, ¿sería un sueño? No lo sentía así, le parecía que sentía todo como si lo hubiese vivido hacía un día. Dejó escapar el aire que llevaba percatándose de que lloraba, el pecho le pesaba, era como si hubiese despertado un recuerdo en ella. De repente el vacío la invadió, supo que extrañaba al chico que había visto en esa visión, las lágrimas fluyeron de nuevo. Quería verlo, necesitaba verlo, ¿cómo era posible que se sintiera así? ¿Por qué le dolía tanto el corazón saber que no podía regresar a ese tiempo. Añoraba tanto sentir su tacto, aquella mirada.
La joven quedó destrozada llorando pensando en él, así hasta hundirse en la pesadez del sueño.
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