El crépusculo, un momento en el día en que todo forma parte del todo. Lo que es una poesía pero si tienes un poco de suerte y magia a tu al rededor puede ser de suerte... o de desfortunio.
Un dama, de cabellera oscura transitaba por las calles de regreso a casa para ella era muy temprano por la mañana, acababa de dejar a sus pequeños en la guardería. Siempre le resultaba difícil pero aquel día habría madrugado pues su trabajo sería desde el alba y no pensaba dejar solos a sus retoños. Eso jamás. Regresaba a casa a paso ligero hasta que casi vio una estela de luz, esas dejadas por los cometas.
-¿Qué diablos?- pensó, con ese efecto rojizo y morado de los cielos no era lo usual. De pronto sintió un golpe frío sobre su pecho, hasta pudo jurar que sus cabellos bailaron con esa brisa extraña.
Pocos lo sabían pero tenía ancestros coreanos en su familia. No es un dato de importancia de no haber sido porque en ese momento recordó parte de la infancia, cuando un par de veces celebró las costumbres. Recordó también los trajes típicos y como su abuela le narraba historias, las cuales decían que tenía linaje de nobles. La azabache no los creía. No. Sin embargo luego del golpe se vio en un cuarto amplio, lujoso, cálido mas distante a algún apego emocional.
Con cuidado camino hasta donde había un adorno -al parecer plata fina- donde pudo notar el aspecto que ahora la vestía. Un hanbok. Un traje típico coreano para mujeres.
No era una vestimenta como las que se alquilan, se sentía la calidad. Casi por instinto tomo su rostro como si dudase de que era el propio. Aún conservaba sus rasgos característicos pero no era ella, al menos no se sentía del todo así.
En una ocasión, su abuela le dijo que tenía un dibujo de mujeres anteriores a su familia y decía que se parecía a la joven que fue hermana mayor de su tataratataratatara -inclusive más tataras- abuela de ella.
-aigo... chankanman[아이고..잠깜만]: "espera un momento ¡Dios mío!, ¡Cielos!"-
Sus ojos se abrieron cual platos, su voz, no era suya, era más aguda, además de que ella sabía algunas frases en coreano pero esto sonaba como si las palabras nacieran de su lengua como su lenguaje materno.
-¡¿Qué había pasado?! ¡¿Por qué estaba ahí?!- Salió como alma que lleva el diablo. Las casas no eran tan diferentes a las de Japón antiguo, así que no tuvo mayor problema, corrió tomando su falda con las manos, no sería lo correcto pero le era más cómodo para correr. Sin fijar un camino en específico chocó contra un hombre grande, era maduro, pero no como para ser su abuelo o su padre, era tal vez diez o quince años mayor que ella. El caballero la miró con desaprobación al tiempo que mostraba un cariño fraterno.
Él la llamó hijo, acto que la sorprendió pero más aún porque entendió cada palabra. Le regaño por correr, era una dama y debía comportarse como tal.
No era tonta y supo que había tenido un tipo de viaje en el tiempo o regresión en su muy antiguo familiar y ahora debía actuar como una dama de alcurnia. No era que le gustará ser la más femenina pues nunca tuvo ese dote mas no iba a ser descubierta y más importante, no podía dejar tan mal parada a la persona que por el destino estaba usurpando.
Su padre. Porque era claro que lo era; la llamo, Jung Hye Ji. Ahora era su nombre, al menos por el momento.
Gracias a Buda que de pequeña había escuchado con atención a su abuela, recordaba lo que decía en sus leyendas fantasiosas -las que ya no parecían tan imposibles-.
"Tus ancestros vendrán por ti cuando necesites de ellos, cuida tus intenciones en los crepúsculos, que es ahí, ese momento donde no es noche ni día en el que tu alma viajara con ellos y aprenderás lo que necesitas. Hasta que no aprendas el nuevo crepúsculo no vendrá por ti y pertenecerás a ellos hasta que veinte lunas pasen".
De niña sonaba genial sin embargo dadas las circunstancias no era tan divertido ahora. Pero si debía aprender algo para regresar, estaba dispuesta a hacerlo, no tenía veinte días para volver, tenía hijos, tenía una vida que tenía que retomar.


Comentarios
Publicar un comentario